El Alba y el Ocaso (Microcuento)

Miró el hombre detalladamente ambos senderos. A su derecha el vasto valle del alba, adornado de flores y frutos que adormecieron el aire. A su izquierda, el frío mar del ocaso, bañado en aguas diáfanas que hibernaron en el suelo.

– Toma este camino – Dijo el ocaso, apuntando el mar que dormía al fondo del camino – Tómalo y baña tu cuerpo en el mar. Luego, cuando tu cuerpo se haya lavado lo suficiente, sécate a la sombra de la noche.

Vio entonces el hombre el mar oscuro, bello y tentador, y dio un paso hacia él.

– Elige éste – Habló el alba – Elige mejor este camino y, mientras respiras el más puro aire, camina en la suavidad del pasto verde y blando. Cuando hayas avanzado lo suficiente, descansa a la luz y el calor del día.

El hombre, confundido, miró al alba y al ocaso, buscando en ellos nuevas palabras, intentando decidirse por uno de ambos senderos. Al resignarse, y luego de tentarse con las dos ofertas, se sentó en el punto mismo de la bifurcación, con ambos mar y valle a sus lados; con la luz y la oscuridad susurrándole placeres al oído. Se sintió entonces a gusto, entre ambos extremos, y decidió quedarse por el resto de su existencia ahí, entre el frío y el calor, entre el alba y el ocaso.

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