La cruel historia de Román y Erasmo

Te contaré una historia. Es la historia de dos hermanos que, al fallecer su padre, pelearon hasta la muerte la vasta herencia que les quedó. Uno de ellos era Román, el hombre amador de la naturaleza, el defensor de los animales, el sentimental por excelencia. El otro era Erasmo, el trabajador esforzado, el de la rudeza masculina. Ambos ansiaban los cientos de bienes que su padre había conseguido en una entera vida de sacrificios: Casas, terrenos, dinero, automóviles de lujo. Desde pequeños que no se llevaban bien. Erasmo, el menor, siempre se jactó de su temprana fuerza bruta, mientras Román lo hostigaba con su intelecto superior. Peleaban por lo que viniera, y las peleas nunca tenían un ganador; eran simplemente dos opuestos exactos cuyo resultado era la neutralidad. Al morir el padre, el testamento que había dejado nunca se encontró. La pelea terminó en algo trágico: un hermano mató al otro. ¿Quién fue? Dime tú. ¿Fue Erasmo? Él era el fuerte, pero Román era el inteligente. ¿Quién murió entonces?

Román amaba los animales, y una de las herencias del padre era un gato viejo, ya en sus últimos años, que casi no veía, pero que en las noches maullaba de dolor. Erasmo, desde niño, siempre lo odió. Dejaba pelos en todos lados, y entraba curioso a lugares privados cuando nadie lo llamaba.

Sí, es verdad, Erasmo mató al gato viejo, no quiso codearse herencias inútiles con su hermano así que tomó un florero barato de la estancia y lo quebró en el animal. Luego lo hizo desangrar al filo de los trozos sobrantes. ¿Era Román capaz de vengarse? Sí, es verdad también. Román era sentimental, por lo mismo era muy obvio que sintiese odio. Román mató a Erasmo.

Pero en realidad las cosas no sucedieron así, la historia que te acabo de contar fue un sueño de Erasmo. El hombre, afligido, soñó que su hermano lo mataba por la herencia de su padre. Al despertar, llamó a su padre, aún viviendo, y le contó lo sucedido. El padre los llamó a cenar a los dos.

Ya en su casa, Erasmo y Román cruzaron miradas y abrazos fríos. Erasmo confiaba en la naturaleza extraña del sueño y fue preparado para cualquier cosa. Fue ahí, frente a la mirada del padre, cuando Román tomó el florero de la estancia, y Erasmo, en una reacción enloquecida le disparó con un viejo revolver que había sacado de su casa. Erasmo mató a Román.

De hecho, esa fue la declaración del padre hacia la policía, cuando lo arrestaron por asesinato múltiple. Pero él no los mató. Erasmo fue, y luego se suicidó. De todos modos esto no sucedió porque todo fue un sueño mío. Yo soy el padre que soñó un sueño de su hijo, y hoy vendrán Román y Erasmo a cenar.

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2 comentarios sobre “La cruel historia de Román y Erasmo

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