Los espontáneos

Los espontáneos, digámosle así,
te excomulgaron de sus logros
Te hirieron cuando estabas sola frente al mar,
esperando la segunda venida
Te negaron tantas veces que dejaste de ser
Te cegaron los ojos con bombas de santa luz y
te ensordecieron con palabras escuálidas.

Los espontáneos, y también los vasallos,
se visten con las ropas que te quitaron,
se nombran con los nombres que te dieron y
se matan con las armas que te mataron.

Las estrellas te mecen en sus artificios incandescentes y
los mares vírgenes te dan de beber

El hombre, recordándote, no hace más que olvidarte.

Mary

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