De la miel no vive el hombre

Pasa volando en medio de las calles, dobla en la diagonal y se va por Tucapel. A tal velocidad, se ve algo más que hombres caminar, se ven posiciones de yoga y eyaculaciones de colores. Todo acelera como si buscara miel, pero cada uno elige su camino. Barros Arana está cubierto en feromonas y el ruido de las bocinas se dilata junto a los cuerpos. Arriba el cielo, siempre constante, le marca el único camino a casa. Ya no queda polen para nadie, ni nadie para el polen. Quizás no sea algo grave. De la miel no vive el hombre, pero sí de las abejas.

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