Un día cualquiera

Pareciera que el ruido de la construcción se acopla entre las paredes. El trabajo, infestado de moscas, se nos escurre tan lento como la salvia. Un niño llora afuera, en la calle. Nadie duerme. Si tuviera que hacer un informe, o más bien un catastro de lo ocurrido, diría que fue un accidente. Hay colegas mirando por la ventana. El vértigo nos une, como si fuera un aniversario estresante. Llega una ambulancia, apaga su sirena, su baliza se quema. Hay alguien atropellado que se levanta. Lo han bautizado Lázaro, pues ha superado la muerte de una forma estrepitosa. La gente sigue caminando, los paramédicos se suben a la ambulancia y se marchan. Se olvidan de todo y nosotros de ellos. El día continúa, en medio de la nada y el ruido, sin saber qué accidente será el próximo, sin saber si el vértigo botará a algún colega, sin saber si el ruido nos dejará sordos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s