El ambulante y el comprador.

Mi familia son ustedes – dijo el ambulante
mientras vendía sus verduras casi frescas
– mi familia es el barro pisoteado por
la multitud que no es sino un puente colgante
uniéndonos a mí y a la feria misma
como parejas de la misma especie
aunque algo nos separa y no sé que es.

Es la lluvia del invierno – dijo el comprador
mientras vitrineaba los juguetes con tolueno
– el charco que se forma por la lluvia refleja
lo distintos que son usted y la madre
…………………………………¡perra lluvia!
pero tan orgásmica cuando nos empapa la ropa
y nos entume con su fuerza renovadora.

Mi madre es la inocencia – contestó el vendedor
y al menos los limones parecieron escucharlo
en su regazo se venden los tubérculos y las hojas
independiente del agua que haya caído desde el cielo
y mi familia está de acuerdo en cada venta
acurrucados por el frío que entra en el stand.

Yo le compro su familia – dijo el vendendor
abriendo un paraguas ante la garúa creciente
– créame cuando le digo que será bien cuidada
como cuido mis zapatos de lo que piso y aquí estoy
su familia será comida por dientes sanos y derechos
de esos que jamás caen por desasosiego
nombre el precio y yo pondré las monedas en su mano.

Mi familia son ustedes – dijo el ambulante
y miró a cada una de las verduras
– sus almas me alimentan y su muerte es mi vida
vayan y cuenten cada último segundo que haya
y que la feria triste se cobije con sus lágrimas.

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