Microcuentos·Poemas

Lunes 8:30 AM

Baquedano / 8:30 AM / La entrada al metro emana un calor infernal / Hola / Un saludo que es un ruido de pájaros da la bienvenida a la jornada / Un abrazo incómodo / El taco con forma de semicírculo se mueve apenas unos metros y vuelve a estacionarse / Un paso de cebra repleto / Dos mujeres bailando la danza rehusada / Una esquiva a la otra quebrando su cadera hacia su derecha / La otra esquiva a la primera moviendo su muslo libre a la izquierda / El calor sigue en aumento / Arriba un cielo azul / ¿Cómo estás? / Bien, ¿tú? / Ambos bajan por la escalera del metro / Se pierden en un día que es el mismo de siempre / Otro saludo a pasos de la plaza / Un hombre con terno evita golpear ancianas con su maletín / Más tarde querrá hacerlo / Se desabrocha el primer botón de su camisa antes de llegar a su trabajo / Un estudiante bosteza por años / Una colegiala sube por la escalera / Con su mano detiene el vaivén de su falda / Hola / Un tercer saludo / Un banco que aún no abre ya tiene fila / Empieza un lunes con rostro vacío / Apenas un par de sonrisas / Hola / Un cuarto saludo ahogado en el ruido / Una estrella fugaz pasa sin que nadie lo note / Que tengas buen día / Buen día / Que te vaya bien / Que nos vaya bien.

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Ongolmo 139 (Selección final – Concepción en 100 palabras III)

Quizás es porque ahora cuesta más arrendar un lugar: hay más competencia o valen mucho más. Quizás todo lo que rodea a la universidad está ocupado. Quizás los poemas actuales sirvan solamente como entretención en los pubs y el Trilce no sea más que un nostálgico recuerdo penquista. Ongolmo ya no es el mismo de antes pero, por sobre todas las cosas, la gente ha cambiado. Los láricos están muriendo. ¡Cómo debe estar Omar, en su tiendita vacía! Pero bueno, como diría él: «No será este papel el que encienda sus voces».

Cuentos·Microcuentos

Extracto de personaje: Laura.

Cuentos·Microcuentos

Extracto de una próxima novela.

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Vómito penquista

Vomitando en una esquina del centro de Conce noté que, si bien muchas calles suelen estar hediondas a meado de gatos y perros – espero que sean solo de gatos y perros – no están preparadas para almacenar una buena carga de vómito fresco. Es algo lamentable, porque a veces, con el choque del viscoso contra el suelo, salpicando los zapatos nuevos, mientras el eco de arcada retumba entre las paredes, se pueden formar imágenes interesantes, como si el escupo ácido fuese el resultado de una catarsis penquista, dejando atrás todo y cuanto odio tenga uno con su ciudad, toda purga emocional, incluso cuando esos sentimientos sean producto de ver tu propio reflejo en los ventanales.

Después de irme del lugar, sintiendo la mirada asquienta de por lo menos unas cinco personas que andaban cerca, clavándome sus ojos prejuiciosos como cuchillos de palo, dejando sus astillas en mí por todo un día de segundos cansados, vi un Concepción imponente, con sus edificios cobijando mi caminar, con su escala de grises cambiando como si fuera producto de un trip. Hasta el Mall del Centro me pareció lindo, tapando el sol al atardecer, reservándose el derecho de admisión, cuidándome de una sobre exposición a esos malditos rayos, enemigos declarados de las resacas. En fin, quizás esto solo fue el último tratamiento paliativo, pero Concepción fue un lugar, y lo digo con completa seguridad, excepcionalmente más bello después de vomitar en una de sus esquinas.

Microcuentos·Poemas

Un día cualquiera

Pareciera que el ruido de la construcción se acopla entre las paredes. El trabajo, infestado de moscas, se nos escurre tan lento como la salvia. Un niño llora afuera, en la calle. Nadie duerme. Si tuviera que hacer un informe, o más bien un catastro de lo ocurrido, diría que fue un accidente. Hay colegas mirando por la ventana. El vértigo nos une, como si fuera un aniversario estresante. Llega una ambulancia, apaga su sirena, su baliza se quema. Hay alguien atropellado que se levanta. Lo han bautizado Lázaro, pues ha superado la muerte de una forma estrepitosa. La gente sigue caminando, los paramédicos se suben a la ambulancia y se marchan. Se olvidan de todo y nosotros de ellos. El día continúa, en medio de la nada y el ruido, sin saber qué accidente será el próximo, sin saber si el vértigo botará a algún colega, sin saber si el ruido nos dejará sordos.

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Padre Sol

“Leven anclas”, escucho desde el otro lado del barco, pero no estoy preparado. Aunque mis maletas estén en el camarote, tenga mi cruz de la suerte colgando del cuello y mi perro me espere debajo de la cama, no estoy listo para zarpar. Algo en el agua me incomoda, como una metástasis que recorre mis venas, y que a su vez me seduce con su vaivén. Serán sirenas del más allá, será una nueva civilización que me espera, no sé qué será. El Padre Sol ha comenzado a moverse lentamente, dejando atrás el puerto que me vio nacer y caer, especialmente caer. Adelante un nuevo mundo, mejor o peor, me espera impaciente, y es mi miedo lo primero que verá.

Padresol

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De la miel no vive el hombre

Pasa volando en medio de las calles, dobla en la diagonal y se va por Tucapel. A tal velocidad, se ve algo más que hombres caminar, se ven posiciones de yoga y eyaculaciones de colores. Todo acelera como si buscara miel, pero cada uno elige su camino. Barros Arana está cubierto en feromonas y el ruido de las bocinas se dilata junto a los cuerpos. Arriba el cielo, siempre constante, le marca el único camino a casa. Ya no queda polen para nadie, ni nadie para el polen. Quizás no sea algo grave. De la miel no vive el hombre, pero sí de las abejas.

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¿En qué mundo vives?

Yo vivo en uno psicodélico, donde las placas no son más tectónicas que mis dientes y los mares no son más vastos que mi sombra. Yo vivo en un mundo palpitante que, si bien tú y yo lo compartimos, nuestros ojos lo desean a distintas horas. No sé tú, pero mi mundo no es más triste que mi propio llanto y su aire no es más húmedo que mis propios sueños.

¿En qué mundo vives? Yo en uno que cae libre. Yo en uno de letras. Yo en uno dormido entre mis brazos y despierto en mi sexo. Yo vivo en un mundo independiente de la gente pero que, gracias a ellas, es tan mío como del aire. Yo vivo en un mundo reaccionario, que me mata al mismo tiempo que yo a él.

Si tú vives en un mundo regular, déjame distorsionarlo, porque en la irregularidad encontramos el placer de lo pasado. Si tú respiras un aire puro, déjame ensuciarlo, porque en la limpieza encontramos lo nítido de estar. Si mueres con tristeza, déjame alegrarte, pues tu mundo fue tan preciso como el que hoy es mío.

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